El amor eterno es breve.

Algunos temen ese adiós. Temen que su gran amor se acabe, entonces dudan frente a la relación de pareja, pues cuanto más amor, más doloroso es el adiós.
Algunos quieren sufrir poco, entonces prefieren no tener relación de pareja.El gran amor mira frente a frente el adiós y el final. Gracias a eso es incandescente. Y cuando más se mira eso, más fuerte es el instante presente.
En la relación se entrenan al adiós definitivo, se despiden de lo que es visible, de las ilusiones. Y cada crisis es despedida de una ilusión. Después de la crisis los dos son más modestos, el amor más grande y más fiable.
Luego llega la despedida definitiva.
En una enfermedad terminal, mirarse a los ojos y decirse: me quedo a tu lado mientras puedo.El amor es como una luz en el crepúsculo. Luego viene el adiós, la muerte de uno de los dos.
El que se queda se abandona al dolor.
Gran amor igual a gran dolor.
Es bueno abandonarse a ese dolor, permite la despedida, la separación y libera, prepara para lo que sigue.
Algunos se imaginan que hay que seguir fiel al muerto.
Hablando de Wilson que se volvió a casar al año de morirse su mujer, Freud dijo que aquello era la señal del gran amor por la primera mujer.
El amor está al servicio de la vida, es benevolente para el otro, más allá de la muerte.
Decir adiós y luego mirar hacia delante, al servicio de la vida, eso revela el amor.
Un largo duelo es una ausencia de amor, es una manifestación de expiación, de culpabilidad y de no amor.
1 comentario:
Qué hermoso! Me emocioné, lamento no haber leído esto antes! Todavía nos sigue hablando.....aunque no esté acá!
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